domingo, 28 de abril de 2013

Mis hermanos aborto


Autobiografía uno

Mi madre se embarazó una vez: mi madre perdió el bebé, le dijeron que fue varón (no sé cómo mi madre pudo preguntar el sexo de una pequeña cuajada de sangre ni como hubo legradista que lo supiera) Ella le iba a poner el nombre de mi padre.
A veces pienso en mi hermano aborto. Se llama Joaquín. En un mundo paralelo, mi hermano aborto vive en el extranjero, en la fantasía inicial vivía en Quito pero ahora que yo estoy en Quito lo he mandado más lejos. Quizá en Canadá, en una tierra donde hay prosperidad para gente exitosa y práctica como él que es eficiente en casi todo. Mi hermano aborto me llama cada cierto tiempo y manda dinero a casa porque ha concluido que aunque yo sea la hermana que tiene cierto éxito social a nivel de medios, no tengo en que caerme muerta ni sirvo para nada útil. – ¿Al menos cuidas a Gladys?-Él la llama Gladys, se fue llamándola mamá y ahora es Gladys como podría serlo la empleada de una drugstore con la que trata a  diario para pedirle aspirinas. Costumbres de fuera, así se desentiende de la madre y la vuelve una mujer lejana y Gladys lo tolera como si fuera un gesto de sofisticación. Mi hermano aborto me ofrece ir a vivir a otro país con él. Una salida elegante. No quiero irme. Alguien dijo que el extranjero quedaba muy lejos. Coincido.
Mi madre se embarazó una vez más: mi madre volvió a perder el bebé (También preguntó el sexo de la masa viscosa que salió de su útero y hubo alguno que le dijo que era una nena) Ella le iba a poner su nombre.
Mi hermana aborto es menor que yo. Tiene quizá unos 25 años y seguramente pertenece a esas asociaciones religiosas como noviazgo en dios o el verdadero amor espera y es una de esas personas que se esfuerza por agradar, pero de tanto hacerlo resulta insoportable. No tiene novio. En ella casi no pienso, lo que sí, no paré de llorar cuando leí un fragmento de “El orden alfabético” de Juan José Millás cuando el protagonistas, impedido de asistir al entierro de su abuelo, decide emprender el viaje hacia allá utilizando un diccionario. Cuando llega a la A de aborto se topa con su hermana aborto que está contenida dentro de un frasco quirúrgico. Ambos se miran asqueados. A él, ella  le parece repugnante en su transparencia y para ella, él luce demasiado acabado. No tienen nada de qué hablar salvo de la familia y es una charla corta.
Mi madre se embarazó nuevamente: mi madre tuvo contracciones a los siete meses. Nací yo. Cuando salieron de la habitación de partos un médico le dijo: “Su niña no pasa de esta noche”. Entonces ella se negó a usar la incubadora y la pasó  conmigo, que estaba helada, como si aún no entendiera que había ya que tomar la temperatura del mundo; me envolvió en tres mantas, me cantó todas las canciones acumuladas de sus dos hijos muertos y me calenté. No me morí. Me pusieron el nombre más impronunciable que encontraron.
Yo me embaracé una vez, yo perdí el bebé.
Yo me embaracé de nuevo, yo perdí un segundo bebé y empecé a acumular canciones. Entonces mi madre le preguntó al ginecólogo el sexo de mi hijo aborto. Afortunadamente nadie le contesto.
He aprendido a usar el diccionario.

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