Le envío a Oscar una foto de mi espalda y de mis nalgas desnudas reflejadas en un espejo. Como siempre pasa entre nosotros, la conversación previa a estos gestos míos, que si no fueran dedicados a Oscar me parecieran más vulgares que seductores, hay diálogos llenos de sarcasmo, ternura, socarronería y cálculo.
- Te he enviado una foto desnuda, ¿o hubieras preferido que te envíe un poema?- le digo, hincándole los dientes, buscado lo afilado de su lengua para que me muerda.
Y el se ríe, esa risa que merece todas las guerras armadas en la tierra, los toneles de vino y sangre derramada, los pueblos arrasados hasta los cimientos, una risa oscura y dulce donde el el fondo se escucha el llamado fatal de los hombres sirena, quienes terminan degollando entre lágrimas a las mujeres que fueron en su búsqueda.
- Amor de mis vidas, lo que me has enviado, ya es un poema.
Cuerpo narrativo
martes, 24 de diciembre de 2013
domingo, 22 de diciembre de 2013
Yo soy sola
Hablo con María Fernanda Ampuero, me la topo en una fiesta que parece salida de esas instalaciones conceptuales de 1970. Cuartos donde se proyectan películas, cuartos que sirven de baños, cuartos donde se hace teatro, donde se bebe, cuartos desaforados... Ampuero sufre y a la vez está hermosa. Me dice que su padre está agonizando de cáncer y que también se va a separar de Pablo porque la ha decepcionado que sea tan pusilánime a la hora de decidir si quiere ser padre o no. Algo dentro de mi se conmociona y siento unas ganas incontenibles de llorar, pero no es el espacio pertinente. Gente pasa, gente me toca, gente nos rodea.María expresa todo esto con una serenidad clara que aumenta su dramatismo. " Me siento como un personaje de Laura Esquivel", me dice, " De esas mujeres destinadas a cuidar de por vida a la madre enferma porque al ser las últimas hijas, ese es su destino". Luego, en el mismo tono sereno añade "Pensemos un mundo ucrónico, un mundo paralelo donde los padres deben pegarse un tiro todos a los 65 años y ya está, de esa manera cometen el acto de amor de apartar a los hijos de la vejez. Ese sería un mandato que no se cuestionaría. Todos a los 65 vamos a matarnos. A mi me parece liberador". Bebemos, nos reímos en medio de esos escombros que ambas tenemos dentro y de la algarabía que nos rodea.
Ampuero lee poemas, son raros, no los entiendo, pero de todas maneras, cuando termina la abrazo y le digo que me han gustado mucho. No se lo cree, también bebemos por eso. Mientras hablamos, se acerca un duende con el pelo teñido de rosado y con un gesto solemne, extiende la palma y sopla purpurina en mis pechos. Es tan serio en lo que hace que pese a la agresión le doy las gracias. " Odio la purpurina", me dice sacudiéndose y luego como si de golpe hubiera reparado en que yo debía hablar y no solamente ella, me pregunta: " ¿Y tu pareja". " No tengo", le contesto. " Yo soy sola". "Qué hermoso eso que me acabas de decir y qué real: Yo no estoy sola. Yo soy sola". Volvemos a reírnos, a los casi cuarenta somos bastante buenas practicando la risa trágica,
martes, 18 de junio de 2013
El baile y el salón
Autobiografía tres:
“La vida es un gran baile y el mundo es un
salón y otras parejas bailando a nuestro alrededor”
Café Tacuba
Re
Dicen que bailar es hacer el amor de pie. Cuando uno baila intima de
manera tan implicada como si tuviera sexo: olores, fluidos, ritmos y
pulsaciones y creo que por eso, en muchos casos bailar requiere de tomarle
gusto a esa ceremonia donde se comparte el cuerpo. Yo bailo salsa porque es lo
que he aprendido luego de nueve meses de estar viviendo junto a porteños
colombianos que llevan la agitación en la sangre. Pese a eso, siempre me tenido
la certeza de que soy muy torpe con el cuerpo. Quizá me estoy remitiendo a una
infancia donde era más que otra cosa,
una niña de sombra, una niña que jamás aprendió a nadar o a usar la
bicicleta, una niña teórica.
En la pista de baile, poco a poco hay movimiento. Primero nadie parece
muy interesado en nada mientras todos observan con desgana a los demás. Para
empezar a bailar hay que romper el hielo, siempre hay una pareja valiente que más que talento
tiene impulso. Luego llegan una segunda, una tercera y luego todos están ya bailando.
Una de las cosas que también he aprendido con respecto a la libertad de mi
cuerpo es que puedo sacar a bailar a quien quiera. En esta lid donde a las
mujeres nos ha tocado ganarnos un espacio en el cual hacer nuestra voluntad, me
acojo a la licencia del baile.
Y voy por los hombres: elijo a uno barbado, de camisa a cuadros y pelo
rojizo. Sé que viene de otro lado, se le nota porque hace lo posible por no
despegarse de sus amigos, también extranjeros. Es español, se llama Pablo. Se
mueve bien para ser de una tierra donde la mayoría de las personas tienen la
agilidad de una tabla. Pero se inquieta, hay cierta química y Pablo quiere
tener una noche tranquila, nada más. Se lo piensa y me dice gracias.
Luego doy con un hombre alto de cabello largo, me recuerda un poco a un
ex de Costa Rica al que quise mucho. En un lance de nostalgia le pido una
pieza. Este hombre, en cambio se mueve lento, de forma más bien clásica, mi
ritmo es acelerado y el de él es como el fluir del agua. Luego de un par de
movimientos sabemos que no vamos, pero yo me esfuerzo por calzar y logramos terminar la melodía. Le comento que
es divertido notar como a pesar de que escuchamos lo mismo, todos nos movemos
de manera diferente. Él dice que no sea intelectual y es verdad, la razón debe parar y dejar que otras partes
sean las que hablen.
Y sigo eligiendo hombres, un mulato alto, uno corpulento calvo y
voluminoso, uno menudo que hace muchas piruetas con el que sorprendentemente
voy a tono, uno que es como una roca y que me separa y me acerca a él con
violencia… un desfile de pieles y de humores. Al final se acerca ya la media
noche y el cuerpo se cansa. Me duelen los pies y es necesario beber algo que
contrarreste tanta aceleración. Tomo cerveza porque no puede ser de otra manera
y brindo a salud del bicho de Lavoe.
Pero siempre viene una pieza que nos gusta, una canción que quisiéramos
bailar con alguien con quien moverse no sea traumático o un duro empeño, sino
más bien un placer y una alegría intestinas. Ahora suena esta tonada y luego
esta otra y entonces sabemos que fuera de la pista somos solo seres vulnerables
tras escritorios o pupitres, personas que temen exponerse y lucir vulnerables,
seres a quienes se les va en tiempo postergando salvo cuando follan o bailan.
Es verdad, si nos ponemos a pensarlo más allá está el amanecer, el paso de las horas
y la muerte, pero eso vendrá luego. Mientras, suena música y nosotros bailamos.
lunes, 17 de junio de 2013
Así en el amor, así en la guerra.
Pocos lo conocen, pero cuando las mujeres se
reúnen y la noche se presta para confesiones, ellas enseñan los trofeos
producto de las batallas de su amor: unas muestran servilletas, palillos de
dientes, botones que fueron arrancados a aquellos que quisieron. Algunas
coleccionan pelos rojos, trozos de uñas blanquísimas, pestañas doradas, ciertas
medias que ellos creen perdidas pero no, han ido a parar a las secretas compilaciones
de pudorosas señoritas y abuelas. Otras, las lascivas, coleccionan mordidas,
marcas, arañazos, escaldaduras y dolores musculares, pero hay otras, las menos,
que engrosas su colección con la cabeza de sus amantes, que dejan sanas y salvas sobre sus cuellos, mientras
ellos vagan vivísimos, por las agrestes avenidas
de las ciudades, corriendo, saltando en libertad, creyendo candorosamente que
fueron ellos los cazadores y no los cazados.
lunes, 27 de mayo de 2013
El arte de la minimización
He leído esta cita que me ha dejado pensado:" En las observaciones realizadas respecto al cuerpo de los adolescentes, habría una lógica femenina que opera a través del agregado de accesorios y una lógica masculina que opera mediante la eliminación y simplificación de accesorios ( y las vellosidades)". Esto se contrapone a propósito de ensamblar apariencias sociales adecuadas por parte de los jóvenes, también en el mismo texto de Gómez y Gonzélez que mencioné en la entrada anterior, pero esta vez haciendo alusión a Baudrillar.
Yo no estoy de acuerdo, creo que las mujeres buscan minimizarse, más bien desaparecer, al ser chica la mujer resaltan los accesorios. Pero no es su culpa, responde a una tradición de negación de sí misma que ha buscado que su género pase siempre inadvertido. La mujer es desaparecida: allí está el Gineseo griego como ejemplo, la mujer es comprimida: corsettes en el siglo XIX y vendas en los pies en China hasta inicios de este siglo; la mujer es mutilada: las ablasiones, los velos que dejan ver parte solo del rostro o del cuerpo; la mujer es silenciada: toda la historia de género previa a la escritura, la preminencia de nombres masculinos en las ciencias y el arte; la mujer es sentencia a una sola labor: la maternidad; la mujer es condenada a la belleza y a la ternura.
Y en ese punto, la belleza la quiere leve, menuda, como una brizna de aire, lívida, como una flor apunto de morir, como una especie a punto de extinguirse. Las dietas de hambruna, las cirugías donde se reduce, se corta y se quita o se pone, pero lo que se pone no es mujer, es prótesis de sí misma: extiende el estereotipo de lo femenino: uñas, pelo, tetas, nalgas, piernas, pero reduce a la mujer.
La mujer que se quiere a sí misma experta en el arte de su propia minimización, pasa hambre, es una heroína de su propio deseo de magritud, pequeñita, doblada, casi lista para esconderse en su propio ataúd labrado por la historia. A la mujer que se miniminza, la mujer grande le da miedo.
Cuerpo expuesto
Como parte de la materia de Cuerpo y sexualidad, he pensado para realizar el ejercicio de exposición e integración de material teórico, que cada parte del cuerpo de una mujer ( bueno, también de un hombre) tiene historia. En listando, he dado con la narración de algunas partes de mí misma que he compartido con la clase el jueves 23 de mayo. Lo que hago constar aquí, son a grandes rasgo, los apuntes de esta que soy, he sido, y que puede ser leída o como un todo o como un fragmento.
El "gólem" que he dibujado para volver a las historias algo más visual, es el de una mujer que poco a poco es construida en sus partes a partir de la mirada de los otros, partiendo de una frase leída en el documento : Estilo del cuerpo expuesto de Rocío Gómez y Julián González (2005), " El cuerpo es un texto a editar". Y bueno, esta pieza troceada y ordenada por mí, hace mi historia de pies a cabeza.
El "gólem" que he dibujado para volver a las historias algo más visual, es el de una mujer que poco a poco es construida en sus partes a partir de la mirada de los otros, partiendo de una frase leída en el documento : Estilo del cuerpo expuesto de Rocío Gómez y Julián González (2005), " El cuerpo es un texto a editar". Y bueno, esta pieza troceada y ordenada por mí, hace mi historia de pies a cabeza.
Cabello: cuando tenía 15 años usaba el pelo largo, mis
compañeras de colegio me lo cortaron, con el tiempo se ha ido encrespando. Lo
he pintado de todos los colores. No es el mejor pelo, pero es un pelo que ha
seguid en mi cabeza a pesar del stres. Con el tiempo se ha ido pareciendo al de
mi madre. Lo uso largo por cierta dignidad.
Pecho Izquierdo: debajo del pecho izquierdo está el corazón.
Siempre he creído que el corazón se regenera más rápido que el resto de los
órgano porque está en contacto con la sangre, la sangre tiene el poder de
regenerar y así. Solo uno de los amores de mi vida me rompió el corazón y ha
habido otras pérdidas fuertes que lo han lesionado a su manera, pero está
razonablemente bien. Siempre me pregunto si moriré del corazón como toda la
familia de mi madre, infartos, usualmente la gente apasionada muere de
infartos.
Pie izquierdo: Roto, tres meses de convalecencia, la necedad
de moverme me llevó a prolongar la curación del pie que ahora siento no tan
fuerte, siempre me ha costado no estar en movimiento. Usualmente no me detengo
per no se detienen, han de creer que puedo con todo.
Mano derecha: la que escribe. Escribir ha sido la decisión
más acertada de mi vida. Jamás se me ocurrió dudar acera de la naturaleza de
escribir. Escribo porque tengo imaginación y soy alguien inconforme y poco
realista, es un honor ser poco realista porque el mundo está lleno de realistas
que obran en consecuencia de la realidad. No me gustan mis manos, mis madre
decía que eran manos de mono ( mi editor dijo que no diga lo de las manos de
mono) Mis uñas no crecen más allá que determinado porte por lo demás son
fuertes de dedos cortos y cortados como por un hachazo.
Rodilla derecha: Mi madre fue operada de la rodilla derecha
y ha sido una experiencia que nos encerró a todos bajo la tiranía de su dolor.
La paralizó y la volvió una mujer dependiente siendo ella más orgullosa.
Hablando con Maru, ella me dice que las dolencias de las rodillas las padecen
las personas que no pueden doblegar su orgullo. Yo he bromeado diciendo que voy
a ahorrar para mi operación, pero fuera de bromas la rodilla derecha empieza a
molestarme.
Hombro: Siempre quise tener pecas en los hombros pero
resultó chistoso porque tengo solamente en el hombro derecho pero en el
izquierdo no. El pole hizo que mis hombros y cuádriceps estén más fuertes, el
pole ha sido el mejor descubrimientos de estos últimos años dejarlo me ha
entristecido mucho. Es bueno descubrir que todo el mundo es más hábil que uno
en las cosas más básicas.
Boca: Desde que tengo memoria he sido alguien que come, me
gusta comer, no sé si es por sensualidad o por glotonería. Creo que la boca es
una de las partes más útiles de mi
organismo. Devoro, soy un ser devorador por naturaleza. Mis labios me gustan,
no tengo idea de que rama de la familia vienen, creo que de mi padre, el padre
de mi abuelo, que es español, era hijo de moros. Dentro de la boca están los
dientes y mis dientes me hicieron sufrir una infancia terrible entre ortodoncia
y extracciones. El exceso, soy excesiva, hay que recortarme, exceso de calcio
decían el doctor, mis dientes no se desprendían de la carne y el dolor era
espantoso. Luego uno quedo torcido como recuerdo de quien fui. Mi único
colmillo porque mis colmillos se fueron, no había espacio para más dientes en
mi boca. Me desvordo, no hay espacio.
Frente: La frente también es mi padre, amplia porque mi padre es calvo. Ahora uso
cerquillo antes solo la frente que no me disgustaba.
Brazo izquierdo: me lesioné el brazo izquierdo cayéndome de
una escalera, usé en el brazo izquierdo una férula por un mes y al final me la
quité yo misma porque ya no aguantaba la comezón. Durante ese mes mi madre me
ayudó a bañarme y andaba por la casa ( como también me lesioné el pie, en una
silla de ruedas) en realidad yo sabía que el brazo estaba bien y me hacía un
poco la enferma para crear dramatismo, así y todo, fui a trabajar. Nunca he
dejado de trabajar y mis empleadores no me lo han permitido. Luego, el brazo
quedó débil, Ana María Shúa tiene ese cuento donde dice que del capullo del
yeso sale la crisálida del brazo nuevo.
Ombligo: Mi madre tiene el cordón umbilical que nos unió en
un frasco de grajeas en una mesa de noche de su dormitorio. Es una masa negra y
retorcida, me causa entre asco y ternura, ese es un ejemplo de las cosas con
las que yo no sabré qué hacer cuando mi madre muera. ¿La entierro con ella? Ese
pedazo de carne me resulta desconcertante.
Cintura: Todos tiene cintura pero a mí me dicen que tengo
cintura. Por mi cintura no me quedan los pantalones o me quedan bien de caderas
pero de cintura no. Yo no pedí este cuerpo, ha sido una lotería, no es un mal
cuerpo, no es cuadrado ni redondo ni demasiado chico, está bien mi cuerpo, A
las mujeres nos han dicho que debemos ser menudas, frágiles, y pesar poco. Todo
aquello que le de dimensiones al cuerpo no está bien. Por eso las mujeres
hacemos ejercicios de desaparición, dietas para achicarnos de todos lados, yo
lo único que tengo chico es la cintura, quizá lo único verdaderamente de mujer.
El resto es un empeño, una voluntad. Pienso en las mujeres que son voluminosas
y en cómo deben de encajar en mundo pequeño, a partir de los 30 todo es
genética. Las mujeres practican el arte de la sintetización, el hombre se
ensancha, desde esa lógica, muchas terminan en una caja donde ya no ocupan
ningún espacio.
Caderas: La caderas mías son italianas, me las dio mi madre.
De espaldas, soy igual a ella, esa misma figura de botellón, dicen que son
señal de fertilidad pero no es cierto, en mis caderas no hay nada más que hueso
y grasa.
Muslos: En el colegio me decían “pavita”. Muslos como
caderas italianos, también italianas. Cuando digo esto siento que me safo de la
responsabilidad de estos muslos que engordan como bolsas de agua y que son los
responsables de que la ropa no me quede. El universo se traba en mis muslos y
no asciende. Muslos furtes que me permiten correr y no quieren detenerse. No me
reconcilio con mis muslos, son grotesos. Se hasta dónde pueden desbordarse
porque lo he visto en mi madre y en mis tías. Muslos como lagunas, pantanosas
donde se pierde el resto de mi cuerpo. Aun ahora me dicen: debes rebajar los
muslos, no se puede, son una presencia
viva, es probable que me muera yo y queden mis muslos.
Ojo: Cuando era niña una avispa me picó en el párpado del
ojo derecho, ha sido el dolor más espantoso de mi vida. Creo que luego de mis
manos, son la parte más útil de mi cuerpo, atraen y son expresivos, todo pasa
por mis ojos, todo se ve reflejado en mis ojos. Los ojos que he heredado de mi
padre también me permiten ver bien, no necesito lentes. Me dicen que son ojos
bellos, no sé, lo que sí me queda claro es que no sería yo sin mis ojos. Es
curioso, creo que las partes que me gustan de mi cuerpo son la que requieren
menos esfuerzo. Mis ojos y mi boca son así, no son una voluntad, son como han
sido. El cuerpo nos incomoda cuando intentamos cambiarlo.
Sexo: Tengo. Es femenino. A veces soy más hombre que mujer, a veces lo contrario. A mi sexo han entrado hombres bellos y de él ha salido muerte y eventualmente alegría y algunos líquidos. Creo que al ser mujer tengo más licencia que los hombres para expresarme. Ser mujer es formar parte de una saga de creación y de esclavitud pero eso me impulsa a la pelea. A romper estereotipos y a la vez a identificarme con otros.
jueves, 2 de mayo de 2013
Marilyn abraza.
Marilyn abraza a Arthur Miller y yo, asustada, me he reconocido en ese abrazo: apretado, desesperado, lleno de una paz golosa, de un vahído de nena segura. Un abrazo placentero y egoísta donde hay entrega y abandono. Marilyn abraza como un calamar y no hay fuerza en el mundo que pueda deshacer en ese instante esas delicadas cadenas de piel que asfixian y sujetan con urgencia tierna.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)




