Le envío a Oscar una foto de mi espalda y de mis nalgas desnudas reflejadas en un espejo. Como siempre pasa entre nosotros, la conversación previa a estos gestos míos, que si no fueran dedicados a Oscar me parecieran más vulgares que seductores, hay diálogos llenos de sarcasmo, ternura, socarronería y cálculo.
- Te he enviado una foto desnuda, ¿o hubieras preferido que te envíe un poema?- le digo, hincándole los dientes, buscado lo afilado de su lengua para que me muerda.
Y el se ríe, esa risa que merece todas las guerras armadas en la tierra, los toneles de vino y sangre derramada, los pueblos arrasados hasta los cimientos, una risa oscura y dulce donde el el fondo se escucha el llamado fatal de los hombres sirena, quienes terminan degollando entre lágrimas a las mujeres que fueron en su búsqueda.
- Amor de mis vidas, lo que me has enviado, ya es un poema.
martes, 24 de diciembre de 2013
domingo, 22 de diciembre de 2013
Yo soy sola
Hablo con María Fernanda Ampuero, me la topo en una fiesta que parece salida de esas instalaciones conceptuales de 1970. Cuartos donde se proyectan películas, cuartos que sirven de baños, cuartos donde se hace teatro, donde se bebe, cuartos desaforados... Ampuero sufre y a la vez está hermosa. Me dice que su padre está agonizando de cáncer y que también se va a separar de Pablo porque la ha decepcionado que sea tan pusilánime a la hora de decidir si quiere ser padre o no. Algo dentro de mi se conmociona y siento unas ganas incontenibles de llorar, pero no es el espacio pertinente. Gente pasa, gente me toca, gente nos rodea.María expresa todo esto con una serenidad clara que aumenta su dramatismo. " Me siento como un personaje de Laura Esquivel", me dice, " De esas mujeres destinadas a cuidar de por vida a la madre enferma porque al ser las últimas hijas, ese es su destino". Luego, en el mismo tono sereno añade "Pensemos un mundo ucrónico, un mundo paralelo donde los padres deben pegarse un tiro todos a los 65 años y ya está, de esa manera cometen el acto de amor de apartar a los hijos de la vejez. Ese sería un mandato que no se cuestionaría. Todos a los 65 vamos a matarnos. A mi me parece liberador". Bebemos, nos reímos en medio de esos escombros que ambas tenemos dentro y de la algarabía que nos rodea.
Ampuero lee poemas, son raros, no los entiendo, pero de todas maneras, cuando termina la abrazo y le digo que me han gustado mucho. No se lo cree, también bebemos por eso. Mientras hablamos, se acerca un duende con el pelo teñido de rosado y con un gesto solemne, extiende la palma y sopla purpurina en mis pechos. Es tan serio en lo que hace que pese a la agresión le doy las gracias. " Odio la purpurina", me dice sacudiéndose y luego como si de golpe hubiera reparado en que yo debía hablar y no solamente ella, me pregunta: " ¿Y tu pareja". " No tengo", le contesto. " Yo soy sola". "Qué hermoso eso que me acabas de decir y qué real: Yo no estoy sola. Yo soy sola". Volvemos a reírnos, a los casi cuarenta somos bastante buenas practicando la risa trágica,
martes, 18 de junio de 2013
El baile y el salón
Autobiografía tres:
“La vida es un gran baile y el mundo es un
salón y otras parejas bailando a nuestro alrededor”
Café Tacuba
Re
Dicen que bailar es hacer el amor de pie. Cuando uno baila intima de
manera tan implicada como si tuviera sexo: olores, fluidos, ritmos y
pulsaciones y creo que por eso, en muchos casos bailar requiere de tomarle
gusto a esa ceremonia donde se comparte el cuerpo. Yo bailo salsa porque es lo
que he aprendido luego de nueve meses de estar viviendo junto a porteños
colombianos que llevan la agitación en la sangre. Pese a eso, siempre me tenido
la certeza de que soy muy torpe con el cuerpo. Quizá me estoy remitiendo a una
infancia donde era más que otra cosa,
una niña de sombra, una niña que jamás aprendió a nadar o a usar la
bicicleta, una niña teórica.
En la pista de baile, poco a poco hay movimiento. Primero nadie parece
muy interesado en nada mientras todos observan con desgana a los demás. Para
empezar a bailar hay que romper el hielo, siempre hay una pareja valiente que más que talento
tiene impulso. Luego llegan una segunda, una tercera y luego todos están ya bailando.
Una de las cosas que también he aprendido con respecto a la libertad de mi
cuerpo es que puedo sacar a bailar a quien quiera. En esta lid donde a las
mujeres nos ha tocado ganarnos un espacio en el cual hacer nuestra voluntad, me
acojo a la licencia del baile.
Y voy por los hombres: elijo a uno barbado, de camisa a cuadros y pelo
rojizo. Sé que viene de otro lado, se le nota porque hace lo posible por no
despegarse de sus amigos, también extranjeros. Es español, se llama Pablo. Se
mueve bien para ser de una tierra donde la mayoría de las personas tienen la
agilidad de una tabla. Pero se inquieta, hay cierta química y Pablo quiere
tener una noche tranquila, nada más. Se lo piensa y me dice gracias.
Luego doy con un hombre alto de cabello largo, me recuerda un poco a un
ex de Costa Rica al que quise mucho. En un lance de nostalgia le pido una
pieza. Este hombre, en cambio se mueve lento, de forma más bien clásica, mi
ritmo es acelerado y el de él es como el fluir del agua. Luego de un par de
movimientos sabemos que no vamos, pero yo me esfuerzo por calzar y logramos terminar la melodía. Le comento que
es divertido notar como a pesar de que escuchamos lo mismo, todos nos movemos
de manera diferente. Él dice que no sea intelectual y es verdad, la razón debe parar y dejar que otras partes
sean las que hablen.
Y sigo eligiendo hombres, un mulato alto, uno corpulento calvo y
voluminoso, uno menudo que hace muchas piruetas con el que sorprendentemente
voy a tono, uno que es como una roca y que me separa y me acerca a él con
violencia… un desfile de pieles y de humores. Al final se acerca ya la media
noche y el cuerpo se cansa. Me duelen los pies y es necesario beber algo que
contrarreste tanta aceleración. Tomo cerveza porque no puede ser de otra manera
y brindo a salud del bicho de Lavoe.
Pero siempre viene una pieza que nos gusta, una canción que quisiéramos
bailar con alguien con quien moverse no sea traumático o un duro empeño, sino
más bien un placer y una alegría intestinas. Ahora suena esta tonada y luego
esta otra y entonces sabemos que fuera de la pista somos solo seres vulnerables
tras escritorios o pupitres, personas que temen exponerse y lucir vulnerables,
seres a quienes se les va en tiempo postergando salvo cuando follan o bailan.
Es verdad, si nos ponemos a pensarlo más allá está el amanecer, el paso de las horas
y la muerte, pero eso vendrá luego. Mientras, suena música y nosotros bailamos.
lunes, 17 de junio de 2013
Así en el amor, así en la guerra.
Pocos lo conocen, pero cuando las mujeres se
reúnen y la noche se presta para confesiones, ellas enseñan los trofeos
producto de las batallas de su amor: unas muestran servilletas, palillos de
dientes, botones que fueron arrancados a aquellos que quisieron. Algunas
coleccionan pelos rojos, trozos de uñas blanquísimas, pestañas doradas, ciertas
medias que ellos creen perdidas pero no, han ido a parar a las secretas compilaciones
de pudorosas señoritas y abuelas. Otras, las lascivas, coleccionan mordidas,
marcas, arañazos, escaldaduras y dolores musculares, pero hay otras, las menos,
que engrosas su colección con la cabeza de sus amantes, que dejan sanas y salvas sobre sus cuellos, mientras
ellos vagan vivísimos, por las agrestes avenidas
de las ciudades, corriendo, saltando en libertad, creyendo candorosamente que
fueron ellos los cazadores y no los cazados.
lunes, 27 de mayo de 2013
El arte de la minimización
He leído esta cita que me ha dejado pensado:" En las observaciones realizadas respecto al cuerpo de los adolescentes, habría una lógica femenina que opera a través del agregado de accesorios y una lógica masculina que opera mediante la eliminación y simplificación de accesorios ( y las vellosidades)". Esto se contrapone a propósito de ensamblar apariencias sociales adecuadas por parte de los jóvenes, también en el mismo texto de Gómez y Gonzélez que mencioné en la entrada anterior, pero esta vez haciendo alusión a Baudrillar.
Yo no estoy de acuerdo, creo que las mujeres buscan minimizarse, más bien desaparecer, al ser chica la mujer resaltan los accesorios. Pero no es su culpa, responde a una tradición de negación de sí misma que ha buscado que su género pase siempre inadvertido. La mujer es desaparecida: allí está el Gineseo griego como ejemplo, la mujer es comprimida: corsettes en el siglo XIX y vendas en los pies en China hasta inicios de este siglo; la mujer es mutilada: las ablasiones, los velos que dejan ver parte solo del rostro o del cuerpo; la mujer es silenciada: toda la historia de género previa a la escritura, la preminencia de nombres masculinos en las ciencias y el arte; la mujer es sentencia a una sola labor: la maternidad; la mujer es condenada a la belleza y a la ternura.
Y en ese punto, la belleza la quiere leve, menuda, como una brizna de aire, lívida, como una flor apunto de morir, como una especie a punto de extinguirse. Las dietas de hambruna, las cirugías donde se reduce, se corta y se quita o se pone, pero lo que se pone no es mujer, es prótesis de sí misma: extiende el estereotipo de lo femenino: uñas, pelo, tetas, nalgas, piernas, pero reduce a la mujer.
La mujer que se quiere a sí misma experta en el arte de su propia minimización, pasa hambre, es una heroína de su propio deseo de magritud, pequeñita, doblada, casi lista para esconderse en su propio ataúd labrado por la historia. A la mujer que se miniminza, la mujer grande le da miedo.
Cuerpo expuesto
Como parte de la materia de Cuerpo y sexualidad, he pensado para realizar el ejercicio de exposición e integración de material teórico, que cada parte del cuerpo de una mujer ( bueno, también de un hombre) tiene historia. En listando, he dado con la narración de algunas partes de mí misma que he compartido con la clase el jueves 23 de mayo. Lo que hago constar aquí, son a grandes rasgo, los apuntes de esta que soy, he sido, y que puede ser leída o como un todo o como un fragmento.
El "gólem" que he dibujado para volver a las historias algo más visual, es el de una mujer que poco a poco es construida en sus partes a partir de la mirada de los otros, partiendo de una frase leída en el documento : Estilo del cuerpo expuesto de Rocío Gómez y Julián González (2005), " El cuerpo es un texto a editar". Y bueno, esta pieza troceada y ordenada por mí, hace mi historia de pies a cabeza.
El "gólem" que he dibujado para volver a las historias algo más visual, es el de una mujer que poco a poco es construida en sus partes a partir de la mirada de los otros, partiendo de una frase leída en el documento : Estilo del cuerpo expuesto de Rocío Gómez y Julián González (2005), " El cuerpo es un texto a editar". Y bueno, esta pieza troceada y ordenada por mí, hace mi historia de pies a cabeza.
Cabello: cuando tenía 15 años usaba el pelo largo, mis
compañeras de colegio me lo cortaron, con el tiempo se ha ido encrespando. Lo
he pintado de todos los colores. No es el mejor pelo, pero es un pelo que ha
seguid en mi cabeza a pesar del stres. Con el tiempo se ha ido pareciendo al de
mi madre. Lo uso largo por cierta dignidad.
Pecho Izquierdo: debajo del pecho izquierdo está el corazón.
Siempre he creído que el corazón se regenera más rápido que el resto de los
órgano porque está en contacto con la sangre, la sangre tiene el poder de
regenerar y así. Solo uno de los amores de mi vida me rompió el corazón y ha
habido otras pérdidas fuertes que lo han lesionado a su manera, pero está
razonablemente bien. Siempre me pregunto si moriré del corazón como toda la
familia de mi madre, infartos, usualmente la gente apasionada muere de
infartos.
Pie izquierdo: Roto, tres meses de convalecencia, la necedad
de moverme me llevó a prolongar la curación del pie que ahora siento no tan
fuerte, siempre me ha costado no estar en movimiento. Usualmente no me detengo
per no se detienen, han de creer que puedo con todo.
Mano derecha: la que escribe. Escribir ha sido la decisión
más acertada de mi vida. Jamás se me ocurrió dudar acera de la naturaleza de
escribir. Escribo porque tengo imaginación y soy alguien inconforme y poco
realista, es un honor ser poco realista porque el mundo está lleno de realistas
que obran en consecuencia de la realidad. No me gustan mis manos, mis madre
decía que eran manos de mono ( mi editor dijo que no diga lo de las manos de
mono) Mis uñas no crecen más allá que determinado porte por lo demás son
fuertes de dedos cortos y cortados como por un hachazo.
Rodilla derecha: Mi madre fue operada de la rodilla derecha
y ha sido una experiencia que nos encerró a todos bajo la tiranía de su dolor.
La paralizó y la volvió una mujer dependiente siendo ella más orgullosa.
Hablando con Maru, ella me dice que las dolencias de las rodillas las padecen
las personas que no pueden doblegar su orgullo. Yo he bromeado diciendo que voy
a ahorrar para mi operación, pero fuera de bromas la rodilla derecha empieza a
molestarme.
Hombro: Siempre quise tener pecas en los hombros pero
resultó chistoso porque tengo solamente en el hombro derecho pero en el
izquierdo no. El pole hizo que mis hombros y cuádriceps estén más fuertes, el
pole ha sido el mejor descubrimientos de estos últimos años dejarlo me ha
entristecido mucho. Es bueno descubrir que todo el mundo es más hábil que uno
en las cosas más básicas.
Boca: Desde que tengo memoria he sido alguien que come, me
gusta comer, no sé si es por sensualidad o por glotonería. Creo que la boca es
una de las partes más útiles de mi
organismo. Devoro, soy un ser devorador por naturaleza. Mis labios me gustan,
no tengo idea de que rama de la familia vienen, creo que de mi padre, el padre
de mi abuelo, que es español, era hijo de moros. Dentro de la boca están los
dientes y mis dientes me hicieron sufrir una infancia terrible entre ortodoncia
y extracciones. El exceso, soy excesiva, hay que recortarme, exceso de calcio
decían el doctor, mis dientes no se desprendían de la carne y el dolor era
espantoso. Luego uno quedo torcido como recuerdo de quien fui. Mi único
colmillo porque mis colmillos se fueron, no había espacio para más dientes en
mi boca. Me desvordo, no hay espacio.
Frente: La frente también es mi padre, amplia porque mi padre es calvo. Ahora uso
cerquillo antes solo la frente que no me disgustaba.
Brazo izquierdo: me lesioné el brazo izquierdo cayéndome de
una escalera, usé en el brazo izquierdo una férula por un mes y al final me la
quité yo misma porque ya no aguantaba la comezón. Durante ese mes mi madre me
ayudó a bañarme y andaba por la casa ( como también me lesioné el pie, en una
silla de ruedas) en realidad yo sabía que el brazo estaba bien y me hacía un
poco la enferma para crear dramatismo, así y todo, fui a trabajar. Nunca he
dejado de trabajar y mis empleadores no me lo han permitido. Luego, el brazo
quedó débil, Ana María Shúa tiene ese cuento donde dice que del capullo del
yeso sale la crisálida del brazo nuevo.
Ombligo: Mi madre tiene el cordón umbilical que nos unió en
un frasco de grajeas en una mesa de noche de su dormitorio. Es una masa negra y
retorcida, me causa entre asco y ternura, ese es un ejemplo de las cosas con
las que yo no sabré qué hacer cuando mi madre muera. ¿La entierro con ella? Ese
pedazo de carne me resulta desconcertante.
Cintura: Todos tiene cintura pero a mí me dicen que tengo
cintura. Por mi cintura no me quedan los pantalones o me quedan bien de caderas
pero de cintura no. Yo no pedí este cuerpo, ha sido una lotería, no es un mal
cuerpo, no es cuadrado ni redondo ni demasiado chico, está bien mi cuerpo, A
las mujeres nos han dicho que debemos ser menudas, frágiles, y pesar poco. Todo
aquello que le de dimensiones al cuerpo no está bien. Por eso las mujeres
hacemos ejercicios de desaparición, dietas para achicarnos de todos lados, yo
lo único que tengo chico es la cintura, quizá lo único verdaderamente de mujer.
El resto es un empeño, una voluntad. Pienso en las mujeres que son voluminosas
y en cómo deben de encajar en mundo pequeño, a partir de los 30 todo es
genética. Las mujeres practican el arte de la sintetización, el hombre se
ensancha, desde esa lógica, muchas terminan en una caja donde ya no ocupan
ningún espacio.
Caderas: La caderas mías son italianas, me las dio mi madre.
De espaldas, soy igual a ella, esa misma figura de botellón, dicen que son
señal de fertilidad pero no es cierto, en mis caderas no hay nada más que hueso
y grasa.
Muslos: En el colegio me decían “pavita”. Muslos como
caderas italianos, también italianas. Cuando digo esto siento que me safo de la
responsabilidad de estos muslos que engordan como bolsas de agua y que son los
responsables de que la ropa no me quede. El universo se traba en mis muslos y
no asciende. Muslos furtes que me permiten correr y no quieren detenerse. No me
reconcilio con mis muslos, son grotesos. Se hasta dónde pueden desbordarse
porque lo he visto en mi madre y en mis tías. Muslos como lagunas, pantanosas
donde se pierde el resto de mi cuerpo. Aun ahora me dicen: debes rebajar los
muslos, no se puede, son una presencia
viva, es probable que me muera yo y queden mis muslos.
Ojo: Cuando era niña una avispa me picó en el párpado del
ojo derecho, ha sido el dolor más espantoso de mi vida. Creo que luego de mis
manos, son la parte más útil de mi cuerpo, atraen y son expresivos, todo pasa
por mis ojos, todo se ve reflejado en mis ojos. Los ojos que he heredado de mi
padre también me permiten ver bien, no necesito lentes. Me dicen que son ojos
bellos, no sé, lo que sí me queda claro es que no sería yo sin mis ojos. Es
curioso, creo que las partes que me gustan de mi cuerpo son la que requieren
menos esfuerzo. Mis ojos y mi boca son así, no son una voluntad, son como han
sido. El cuerpo nos incomoda cuando intentamos cambiarlo.
Sexo: Tengo. Es femenino. A veces soy más hombre que mujer, a veces lo contrario. A mi sexo han entrado hombres bellos y de él ha salido muerte y eventualmente alegría y algunos líquidos. Creo que al ser mujer tengo más licencia que los hombres para expresarme. Ser mujer es formar parte de una saga de creación y de esclavitud pero eso me impulsa a la pelea. A romper estereotipos y a la vez a identificarme con otros.
jueves, 2 de mayo de 2013
Marilyn abraza.
Marilyn abraza a Arthur Miller y yo, asustada, me he reconocido en ese abrazo: apretado, desesperado, lleno de una paz golosa, de un vahído de nena segura. Un abrazo placentero y egoísta donde hay entrega y abandono. Marilyn abraza como un calamar y no hay fuerza en el mundo que pueda deshacer en ese instante esas delicadas cadenas de piel que asfixian y sujetan con urgencia tierna.
Mi lado masculino
Hemos discutido a muerte con alguien tan tozudo como yo sobre las partes femeninas y masculinas del cuerpo. Así que como hablamos de energías y eso es muy subjetivo, aquí más mis lecturas, partiendo del hecho de que considero que yo soy toda yo que no creo que me pueda dividir en un 25% de algo. Pero bueno, hago el ejercicio tal como lo intuyo.
Masculina:
a) La voz su tono: firme, enérgica, apasionada he impositiva. A veces me preguntan si estoy molesta, pero es solo mi entusiasmo. No sé aún decir cosas sin que haya en mi expresión, emociones.
b) Los pies: son feos. ( ¿si es feo creo que es masculino?) secos y toscos, no van con el resto. Los heredé de mi madre.
c) Vello en los brazos: los he rasurado, arrancado y decolorado miles de veces. Siguen allí, oscuros y abundantes. De adolescente me avergonzaba de mis brazos y usaba muchas blusas con mangas largas. Ahora que lo pienso, mis brazos siempre han sido fuertes y gruesos, eso no va con el resto, creo.
d) La ira: la ira, que es mi estado natural, se derrama sobre todas las cosas. A más de ser pendenciera, competitiva y de tener un ego del tamaño de África.
Femenina:
a) El pelo : largo, rizado, esponjoso y suave. Me han dicho que sirve como arma de seducción.
b) Los ojos: Son de mi abuelo, extremadamente expresivos. No puedo deshacerme de su don de comunicación absoluto. No ocultan nada.
c) Boca: a mis amantes les gusta mi boca, es como una convención general, el lunar hacer el resto del trabajo. Tener un lunar junto a la boca ha sido un buen azar. Mi boca explora, pero es agresiva. Me gusta morder.
d) Caderas: Caderas italianas, bailarinas, generosas y llenas de escándalo. Mucha cadera para los pantalones y a veces solo por ellas debo comprar una talla más de todo. Mis caderas me exceden.
La mirada de los hombres
Las mujeres son miradas, los hombres miran, así está dividido el juego escópico socialmente aceptado.Estas son tres dibujos sobre mí hechos por tres hombres entrañables. Resulta curioso como lo terminan viendo a uno, desde quién sabe qué ojos: Rodrigo, mi mejor amigo, vive en Chile y es diseñador gráfico. Para sus proyectos hace cosas como esta. Muchos colores, grandes labios...muy lunática la representación, casi circense.

El segundo dibujo lo ha hecho un ex amante, Óscar, creo que me veía oscura, algo misterioso, un poco draconiana. El énfasis está en los ojos y en la boca. Parece que mi boca se roba toda la atención. El ex amante se fue, dejó el dibujo.
El tercero lo hace un editor dedicado a graficar mi libro para su difusión virtual: Alberto. Estaba muy claro en que no quería perder ni la mirada ni la sonrisa ( ni el pelo) Creo que lo consiguió. Las tres son un poco yo. Es curioso que en los tres dibujos no tenga cuerpo. Estoy en falta.
domingo, 28 de abril de 2013
Nauseas
Tengo nauseas. La nausea es como un recuerdo, como
una musiquita de fondo que no se va desde hace algunos días. Como con nauseas y
duermo con nauseas. También el viernes bebí seis cervezas con nauseas y bailé,
pero la nausea solo se arrincona. Si no
es la nausea es la ira, la furia que lo toma todo y lo hace ver dramático.
Merri Torras, la gran Merri Torras de Barcelona, quien ama a los cuerpos como son, me dijo que
estamos acostumbrados al silencio del cuerpo como si eso estuviera bien y que
no es así, que el cuerpo debe hablar. Vomito. Vomito y es detestable. Hago
ruido como si me degollan., como si la vida se me fuera junto con lo que hay
en mi estómago. Mi cuerpo no puede ser
discreto en ninguna maldita cosa. Vomito sopa y pollo y algo que sabe como el
maíz. Vomito y mi garganta queda dolorida. Siguen las nauseas que son como un
estado de iluminación o de conciencia progresada. Las nauseas me han elegido para que mi cuerpo sea su templo, soy su envase elegido. Pariré por la boca a su hijo líquido.
De los hombres no me gusta es que se gastan.
Autobiografía dos
“Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo”.
Wislawa Szymborska
De los hombres me gusta el pelo,
un pelo frondoso, abundante como una mata copiosa de hojas suaves es una
invitación a hundir las manos en la raíz y agitar hasta que se alborote y se
avive. De los hombres me encantan las orejas rojas, los lóbulos encendidos que
me provoca ensalivar y poner entre los labios. De ellos me cautiva los ojos
expresivos y, eso sí, la nariz debe ser prominente (los grandes hombres
narizones fueron, decía mi padre), una nariz que te permita detener la vista.
De los hombres rara vez me gusta la boca aunque sí es para besar, está bien. La
babilla sí, con su barba corta o con una hendidura profunda donde meter la
lengua. Barba partida, que en realidad no es otra cosa que un defecto genético
y bueno, hacer en esa barbilla una fiesta. Morder y chupar como si fuera una
fruta aunque él se queje o se ría.
De los hombres me gusta el pecho,
ancho y caliente. Si tiene vellos dorados o negros o grises hay que ir y agazaparse
en ese bosque que siempre en el centro tiene un perfume particular, un hombre
huele a sí mismo en el plexo solar, de allí viene el calor y el movimiento. Si
no tiene vellos habrá frío pero una se desliza mejor. De los hombres quiero los
brazos, el músculo del bíceps que se delinea maravillosamente a la menor fuerza
porque ellos suelen ser magros en esa parte. De los hombres me gustan las venas
de los brazos que son raíces suaves que se aprecian bajo la piel. Los dedos largos (me acuerdo de
este ex amante que era pianista y con qué facilidad marcaba la octava en el
teclado, mientras que yo necesitaba las dos manos) Dedos para entrar bien en
agujeros, dedos para succionar.
De los hombres no me gusta el ombligo
porque me recuerda a su madre. Me agradan las caderas, estrechas, que bailen y
que trepen, las piernas largas, incluso mucho más largas como si se tratara de
un muñeco mal dibujado. De los hombres me gusta el sexo, el sabor y el olor del
sexo que es como de madera pero un poco más dulce. Un sexo tan raro es ese, tan
agresivo (la madre de una amiga me contó que al ver la erección de su primer
amante salió corriendo) ¿por qué el sexo de los hombres es tan brutal? Del sexo
de los hombres me gusta el tacto, fuerte en la mano, el juego casi infantil de
bajar y de subir por él, el paroxismo que les causa, la sensación de herida que
deja cuando ha estado entrando y saliendo por bastante rato, es una sensación
de pérdida, de falta incompensable. De los hombres me gustan las rodillas flacas, los pelos de las piernas
que son rizados y negros, siempre feos. De los hombres me gustan los pies, a
veces me dan risa. De los hombres no me gusta que se gastan.
Cuerpo académico
Diez años de estudios de literatura,
cinco años de cátedra de literatura contemporánea, dieciocho años de clases de
letras en institutos, dos años de maestría en estudios hispánicos de letras y
en ninguna circunstancia la palabra ha podido ser más contundente que el cuerpo
físico. Duermo, como, digiero, a veces follo. La vida es bastante vulgar.
Mis hermanos aborto
Autobiografía uno
Mi madre se embarazó una vez: mi madre perdió el bebé, le dijeron que fue varón (no sé cómo mi madre pudo preguntar el sexo de una pequeña cuajada de sangre ni como hubo legradista que lo supiera) Ella le iba a poner el nombre de mi padre.
Mi madre se embarazó una vez: mi madre perdió el bebé, le dijeron que fue varón (no sé cómo mi madre pudo preguntar el sexo de una pequeña cuajada de sangre ni como hubo legradista que lo supiera) Ella le iba a poner el nombre de mi padre.
A veces pienso en mi hermano
aborto. Se llama Joaquín. En un mundo paralelo, mi hermano aborto vive en el extranjero,
en la fantasía inicial vivía en Quito pero ahora que yo estoy en Quito lo he
mandado más lejos. Quizá en Canadá, en una tierra donde hay prosperidad para
gente exitosa y práctica como él que es eficiente en casi todo. Mi hermano
aborto me llama cada cierto tiempo y manda dinero a casa porque ha concluido
que aunque yo sea la hermana que tiene cierto éxito social a nivel de medios,
no tengo en que caerme muerta ni sirvo para nada útil. – ¿Al menos cuidas a
Gladys?-Él la llama Gladys, se fue llamándola mamá y ahora es Gladys como
podría serlo la empleada de una drugstore
con la que trata a diario para pedirle
aspirinas. Costumbres de fuera, así se desentiende de la madre y la vuelve una
mujer lejana y Gladys lo tolera como si fuera un gesto de sofisticación. Mi
hermano aborto me ofrece ir a vivir a otro país con él. Una salida elegante. No
quiero irme. Alguien dijo que el extranjero quedaba muy lejos. Coincido.
Mi madre se embarazó una vez más:
mi madre volvió a perder el bebé (También preguntó el sexo de la masa viscosa
que salió de su útero y hubo alguno que le dijo que era una nena)
Ella le iba a poner su nombre.
Mi hermana aborto es menor que
yo. Tiene quizá unos 25 años y seguramente pertenece a esas asociaciones
religiosas como noviazgo en dios o el verdadero amor espera y es una de esas
personas que se esfuerza por agradar, pero de tanto hacerlo resulta
insoportable. No tiene novio. En ella casi no pienso, lo que sí, no paré de
llorar cuando leí un fragmento de “El orden alfabético” de Juan José Millás
cuando el protagonistas, impedido de asistir al entierro de su abuelo, decide
emprender el viaje hacia allá utilizando un diccionario. Cuando llega a la A de
aborto se topa con su hermana aborto que está contenida dentro de un frasco
quirúrgico. Ambos se miran asqueados. A él, ella le parece repugnante en su transparencia y para
ella, él luce demasiado acabado. No tienen nada de qué hablar salvo de la
familia y es una charla corta.
Mi madre se embarazó nuevamente:
mi madre tuvo contracciones a los siete meses. Nací yo. Cuando salieron de la
habitación de partos un médico le dijo: “Su niña no pasa de esta noche”.
Entonces ella se negó a usar la incubadora y la pasó conmigo, que estaba helada, como si aún no
entendiera que había ya que tomar la temperatura del mundo; me envolvió en tres
mantas, me cantó todas las canciones acumuladas de sus dos hijos muertos y me
calenté. No me morí. Me pusieron el nombre más impronunciable que encontraron.
Yo me embaracé una vez, yo perdí
el bebé.
Yo me embaracé de nuevo, yo perdí
un segundo bebé y empecé a acumular canciones. Entonces mi madre le preguntó al
ginecólogo el sexo de mi hijo aborto. Afortunadamente nadie le contesto.
He aprendido a usar el
diccionario.
Introducción al cuerpo narrativo.
Mi cuerpo: hondonadas,
acantilados, valles, abrojos y espesuras. A sus exploradores les advierto,
sepan que no hay tesoro.
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